
En una hectárea de tierra, que fue explotada por más de un siglo con el monocultivo del henequén, hoy trabajamos por regenerar el suelo y, como una caricia a la tierra, sembramos de acuerdo a los ciclos de vida que llaman más vida y biodiversidad. El monte, además de producir alimentos, es un espacio de encuentros, de experimen-tación y del florecimiento de la creatividad colectiva.
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